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sábado, 26 de abril de 2008

Y pienso también en los pequeños gestos, en esas caras, ese egstito mínimo o esa mirada como revirada que pone una amiga en particular cuando dice algo así como íntimo que yo no puedo reproducir nose porqué (y no porque sea limpia o pura o nada). En esta imposibilidad de salir un sábado a la tarde como éste y en la endogamia, mi pelo revueltísimo que no puedo dejar de tocar mientras escribo y no puedo arreglarlo ni nada, como si diera lo mismo, tan´poco femenino sin puntos medios y siempre leonamente rebelde pienso en la caída del sol y enc asa como un hueco semioscuro, semivacío y lindo (lindo, tambien, para pensar, para reflexionar y después hacer), en haber descubierto hoy lo bien que me queda la remera celeste (no suelo usar ropa de colores claros) y en la imágen de la pileta de la cocina llena de objetos, envases vacíos y algunos restos de comida y cosas a la que siempre tengo ganas de sacarle fotos porque suele haber una luz amarilla hermosa que brilla y porque casi todos los días, aunque cambie lo que haya encima de la mesada y varíe el orden de las cosas, es la imagen perfecta del desorden cotidiano (interno/ externo). Mi pelo sería otra imágen, pero mas del desorden irremediable y molesto, de lo disfuncional hecho (casi) carne. Ah, y esa especie de reproche o bronca o miedo a la exclusión que da escribir un post como estos tantos no recibir comentarios o muy pocos porque lo que decís a nadie le interesa y sie stás queriendo transmitir algo te falla y hay tantos, tantos que.
Te afecta como de costado pero menos que antes, obvio. Porque es así. Esas cosas pasan.
p.d.: lo más importante está en el post anterior.